NOTAS ICONOGRÁFICAS SOBRE EL PASO DE

LA NEGACIÓN DE SAN PEDRO

Manuel Poggio Capote

 

Dentro de la imaginería procesional que desfila en la Semana Santa de las islas Canarias, existen ciertas advocaciones y pasos que le son característicos. Una de las composiciones más singulares es la conocida como Negación o Lágrimas de San Pedro que se extiende por buena parte de geografía isleña. Se trata de una escena a la que hacen referencia los cuatro evangelistas. Sin embargo, el texto que más acerca a esta representación se encuentra en Lucas (22, 60-62) cuando narra que poco después de haber rechazado san Pedro a Jesús «cantó el gallo. Vuelto el Señor, miró a Pedro, y Pedro se acordó de la palabra del Señor, cuando le dijo: antes que el gallo cante hoy, me negarás tres veces; y, saliendo fuera, lloró amargamente».

En la iconografía canaria acerca de este pasaje bíblico aparecen siempre las figuras de Jesús maniatado y del apóstol Pedro que —normalmente— se encuentra arrodillado a sus pies, con las manos entrelazas a la altura del pecho, el rostro vuelto hacia el Maestro y con evidentes muestras de encontrarse arrepentido y afligido. Con frecuencia acompaña la escena un gallo sobre un pedestal. En nuestro archipiélago, se trata de un paso popular que está presente en las procesiones de las principales localidades. Sobre esta cuestión, conviene advertir que fuera de las fronteras insulares no es común encontrarse con este conjunto. Por el contrario, dentro de las manifestaciones peninsulares (tanto en pintura como en escultura) es más corriente la plasmación de este suceso justo en el momento de la flagelación; es decir Cristo aparece desnudo sujeto a una columna y con signos de haber sido azotado con San Pedro a un costado en posición genuflexa. Abundando en este terreno, es necesario recordar que a partir del barroco, el Señor de la Columna fue interpretado en ocasiones como una alegoría en la que se pretendía sintetizar la Pasión. A modo de ejemplo, se puede citar el óleo Cristo y el alma cristiana de Diego Velázquez (1599-1660), que se localiza en la National Gallery de Londres, y que a tenor de historiografía artística parece ser que fue concebido como un referente gráfico con el fin de propiciar una meditación sobre la muerte. 

A diferencia de esta iconografía, desde el siglo xvii la representación escogida por religiosos y artistas canarios fue la denominada como Negación de San Pedro. El expresado conjunto —que sí se acomoda a la ortodoxia de los Evangelios— gozó desde su instauración de una extraordinaria acogida. No se debe olvidar que la fundación de las cofradías dedicadas a san Pedro fueron auspiciadas por la clerecía secular, la cual tenía en el primer pontífice de la cristiandad a su patrón. Asimismo, fue una manera de que las parroquias se incorporasen a las manifestaciones públicas de la Semana Mayor, casi privativa hasta entonces de los conventos y las hermandades de fieles. Las imágenes de Garachico, Los Realejos, Las Palmas de Gran Canaria (primitivamente, en la ermita de Los Remedios), Villa de La Orotava o La Laguna son buena muestra de ello. Además, parece ser que en lo antiguo todas ellas salían en andas separadas, costumbre que ya se ha perdido, salvo en La Orotava y Los Realejos.

En La Palma la única iglesia que ha poseído un conjunto escultórico dedicado a esta advocación es El Salvador. Ello se debió a la iniciativa de Juan Pinto de Guisla (1631-1695), vicario y visitador episcopal, quien en 1661 propició la creación de la Cofradía de San Pedro. La misma estaba nutrida por el clero secular y en menor medida por frailes y otros fieles. Tenía por objetivo celebrar la función y procesión del apóstol durante el Martes Santo, y conmemorar su festividad el 29 de junio de cada año. Para esta última celebración se adquirió una talla de san Pedro entronizado. Las imágenes se alojaron en un altar a los pies de la nave del Evangelio y allí permanecieron por más de ciento cincuenta años. Las efigies pasionistas que podemos contemplar en la actualidad son distintas a las originales con las que se creó la hermandad, dado que comienzos de la década de 1820 se encargaron por el benemérito sacerdote Manuel Díaz (1774-1863) nuevos rostros y manos al escultor tinerfeño Fernando Estévez (1788-1854). Ambas hechuras (la del Cristo y la de san Pedro) se encuentran catalogadas entre sus mejores trabajos .
 
Desde muy joven, el padre Díaz se reveló como una de las voces con más personalidad en la sociedad local. En la temprana fecha de 1799 alcanzó uno de los beneficios de El Salvador. Con la titularidad de la iglesia principal de La Palma centró sus actividades en varios campos, siendo uno de sus preferidos el de las artes. Cabría destacar —en este sentido— que se preocupó por contar con una Semana Santa más opulenta. Así, para dicha manifestación litúrgica preparó distintas composiciones musicales, fomentó la renovación de las antiguas tallas barrocas por otras de corte académico o incluso modeló alguna imagen. De mentalidad abierta y carácter liberal, en 1824 sufrió destierro en Tenerife por un sermón pronunciado cuatro años antes donde abogaba por la continuidad de la monarquía constitucional emanada de las Cortes de Cádiz. No obstante, el traslado a la vecina isla le permitió trabar amistad con el citado Estévez, que era el artífice lignario más notable de su tiempo; en su taller debió aprender y practicar técnicas escultóricas. No en vano, las dos obras de bulto datadas de Díaz se han fijado una vez regresó de Tenerife en 1835: los Santos Varones (ca. 1850) y el Cristo de la Misericordia (1862). Quedan aún por determinar las fechas de María Magdalena (desaparecida) y el Señor Muertito (conservado en La Gomera), pero es probable que también se ejecutasen después de 1835.

Una de las preocupaciones del cura Díaz era la vieja confraternidad de sacerdotes que fundara en el xvii el licenciado Pinto. Cuando en 1817 se le nombró rector del templo matriz empezó a planear su reforma. Así, cabría mencionar que hacia 1818 estas imágenes fueron trasladadas desde el fondo de la parroquia hasta la cabecera de la nave del Evangelio con el objetivo otorgarles mayor importancia . Poco después, se adquirieron las nuevas esculturas del Cristo (ca. 1820 y costeada de su propio peculio) y San Pedro llorando (1822). En la actualidad, el paso cuenta —además— con la hechura de un gallo posado sobre una elegante columna que ejecutó en 1895 Aurelio Carmona López (1826-1901). El interés de Díaz por esta corporación queda de manifiesto también en las labores que fomentó para su puesta al día o en alguno de los sermones que dejó escritos, dado que en alguno de ellos redactó sentidas reflexiones sobre las negaciones del primer papa .    

A finales del xix, el cronista Juan B. Lorenzo Rodríguez (1841-1908) en sus Noticias para la historia de La Palma nombra a este Cristo como Señor de la Columna . Aunque desconocemos el motivo de esta denominación, es probable que dicha alusión se refiera a que este Cristo al igual que en La Laguna procesionase atado a una columna. En cualquier caso, no deja de resultar curioso la cita, pues, como ya se apuntó, las advocaciones de las Lágrimas y una variante de la Flagelación se encuentran estrechamente relacionadas. Mayor interés presenta su fortuna crítica, la cual siempre ha mostrado enorme admiración por este conjunto escultórico. Incluso alguno de los obradores locales copiaron el rostro al que con el tiempo pasó a ser conocido como Señor del Perdón. Baste citar al imaginero aficionado Nicolás de las Casas Lorenzo (1821-1901), autor del Señor de la Oración del Huerto que se conserva en la actualidad en Breña Alta, cuyas formas se inspiran en el Cristo Preso de El Salvador . Entrado el nuevo siglo, conviene recordar el Sagrado Corazón que encargó José Crispín de la Paz y Morales (1873-1955) para Las Nieves. Don José Crispín fue párroco del Santuario en el primer cuarto del siglo xx. Hacia 1920 quiso incorporar al culto una imagen bajo esta advocación y tuvo la idea de que la talla se inspirase en la de Estévez. Cuenta la tradición que con este fin se enviaron al taller peninsular al que se realizó el encargo varios retratos fotográficos de la célebre efigie para que sirvieran de modelo. Lamentablemente, no ha quedado vestigio documental de dicha iniciativa, dado que los papeles personales de monseñor De la Paz se perdieron hace unos años y tampoco en el archivo parroquial de Nuestra Señora de las Nieves hasta ahora se ha conseguido rastrear ninguna pista sobre este asunto.     

Tarquis y Rodríguez, Pedro. «Biografía del escultor Fernando Estévez (1788-1854)». Anuario de Estudios Atlánticos, n. 24 (1978), pp. 577-580.

Cfr. Rodríguez, Gloria. La iglesia de El Salvador de Santa Cruz de La Palma. [Santa Cruz de La Palma]: Cabildo Insular de La Palma, 1985, p. 159.

Rodríguez López, Antonio. Apuntes biográficos de don Manuel Díaz. Santa Cruz de La Palma: Imp. El Time, 1868, pp. 35-38.

Lorenzo Rodríguez, Juan B. Noticias para historia de La Palma. La Laguna: Instituto de Estudios Canarios; Santa Cruz de La Palma: Cabildo Insular de La Palma, 1985-2000, v. i, p.87.

Fuentes Pérez, Gerardo. Canarias: el clasicismo en la escultura. [Santa Cruz de Tenerife]: Cabildo de Tenerife, d. l. 1990, p. 416.